El ESPÍRITU SANTO TIENE PLANES QUE NOSOTROS DESCONOCEMOS

Texto bíblico: Hechos 10

En el capítulo 10 del libro de los Hechos, encontramos que la expansión del evangelio hacia el mundo gentil era una tarea que demandaba una preparación previa, tanto de los que serían enviados como de los que tomaban activa participación en el plan divino. Dios no hace nada por casualidad sino que sus planes obedecen a propósitos definidos desde la misma eternidad. En el relato bíblico, encontramos a dos personajes que sufrirán grandes cambios al ser obedientes a la voz del Señor: Pedro y Cornelio. Y en ese contexto, el Espíritu Santo tiene un papel protagónico: prepara los escenarios para el encuentro, así como a los mismos personajes. Al final, la bendición que desciende sobre el pueblo gentil es abundante y sorprendente: El Espíritu llena con su presencia a todos los oyentes de la palabra en casa de Cornelio, el centurión romano. 1. Dios nos prepara para la misión. 1.1. Pedro y Cornelio: dos pueblos antagónicos (judíos vs. gentiles) Jope estaba a 44 kms. de Cesarea (sede del Procurador romano de Judea, Samaria e Idumea). Por un lado, está Pedro, el pescador, el discípulo de Jesús, quien representa al pueblo judío, y por otro, Cornelio, el centurión romano, pueblo gentil. A pesar de haber estado tres años con Jesús, Pedro no estaba listo para cumplir con la Gran Comisión. Era necesario un encuentro decisivo con los gentiles. Los judíos no se relacionaban con el pueblo gentil por considerarlos paganos, pueblo infiel y apartado de Dios. Para ellos era abominación. Todavía no habían entendido que el evangelio de Cristo no es propiedad exclusiva de los judíos sino de todos aquellos que lo convierten en un estilo personal de vida. El apóstol Pablo declara en Ef. 2.14: Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…”. Este es, precisamente, la misión de Pedro, derribar toda separación y hacer posible ese acercamiento con el pueblo gentil que estaba desde los siglos en el plan perfecto de Dios.

1.2. Limpieza de prejuicios sociales, étnicos, religiosos, culturales. Para cumplir con el plan de Dios, Él nos prepara, así como lo hizo con Pedro. En nuestra mente existen esquemas, estructuras, formas ideológicas de pensar y de ver el mundo que, en muchas ocasiones, se convierten en grandes obstáculos para ser servidores y servidoras del Señor. Pedro tenía grandes prejuicios contra los gentiles y Dios quería que su visión no se limitara al pueblo judío solamente. Mientras ora, Dios le muestra una visión con aves, cuadrúpedos y reptiles y le ordena que mate y coma. Pero él se niega porque para los judíos no todo animal se puede comer. En Lv.11 la ley prohíbe comer la carne de animales que rumian o tienen pezuña, no tienen ni aletas ni escamas, se alimentan de carroña, se arrastran o han muerto. Apoyado en la ley, Pedro tiene en su estructura mental qué es aceptable y qué es abominable. Pero ese mismo esquema de alimentación referido a los animales, también está presente cuando se trata de las relaciones con otras personas o pueblos que están fuera de la jurisdicción judía. Pedro olvidaba que Jesús, el Señor y Maestro, había enseñado que no es lo que entra en el ser humano lo que lo contamina sino lo que sale del corazón (Mr. 7.15). Del corazón, centro del pensamiento, salen los adulterios, los homicidios, los odios, las rencillas, los hurtos, los prejuicios contra otras personas, y todo el mal que abunda en nuestro ser interior. Pedro debía cambiar, si en verdad quería ser un instrumento de la bendición de Dios para otras personas. De igual modo, nosotros, si no estamos dispuestos a cambiar nuestra manera de pensar, nuestros esquemas mentales, llenos de prejuicios, no lograremos oír la voz de Dios para participar en sus propósitos divinos. Pablo en Romanos 12.2, nos exhorta a que cambiemos nuestra manera de pensar para que cambie nuestra manera de vivir. Es el gran desafío que nos plantea el evangelio en el seguimiento de Jesucristo.

1.3. Cornelio: en el lado opuesto al judaísmo, está un militar romano, que se caracteriza por ser piadoso, religioso, temeroso de Dios, generoso en limosnas. Un hombre en apariencia bueno. Sin embargo, la Biblia declara: no hay justo ni aun uno (Sal. 53.3). Este es uno de los argumentos que muchas personas esgrimen cuando se les comunica el evangelio: se justifican a sí mismos al considerarse muy buenos. Ni Jesús mismo como humano quiso aceptar que lo llamaran bueno. Ese apelativo es exclusivo de Dios (Mt. 19.17). Cornelio estaba ayunando y orando cuando Dios le revela una visión. Un ángel del Señor se le presenta y le ordena que envíe por Pedro, el apóstol, el cual se hospeda en casa de un Simón curtidor, en Jope. Aquí podemos notar cómo Dios tiene conocimiento de todo lo que sucede en este mundo. Nada hay oculto ante su presencia. Como declara el Salmo 139, estamos al descubierto, y aun más allá de lo que podemos ver y pensar. Esto nos lleva a la conclusión de que nuestras vidas obedecen a propósitos del Señor y no somos producto del azar, como muchos tratan de engañar a los ingenuos. Cornelio obedece a la visión y envía a tres de sus hombres para que traigan a Pedro hasta su casa.

2- El Espíritu ordena y el discípulo obedece: “19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. 20 Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado”.

2.1- Dios es Espíritu. El Espíritu Santo descendió el día de Pentecostés para guiar a la iglesia y darle el poder necesario con el cual testificar del evangelio de Cristo. El Espíritu es el que continúa haciendo la obra del Hijo en este mundo. Es él quien nos guía en el diario caminar y nos enseña cómo acatar la voluntad del Padre para que seamos testigos de sus maravillas. El Espíritu es quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16.8-11). A nosotros, como siervos de Dios, solo nos corresponde obedecer para glorificar el nombre de nuestro Señor y Salvador.

2.2- Levántate…desciende… y no dudes de ir… Aquí vemos cómo el Espíritu da órdenes precisas a Pedro: Levántate. Esta primera acción nos llama a la acción, a no quedarnos en nuestra comodidad del hogar, sin cumplir con la voluntad de Dios. Es más confortable quedarnos en el mismo sitio que ponernos en camino, en acción. Por algo, a los primeros cristianos se les llamó los seguidores del Camino. Eran caminantes. No tenían residencia fija. No se ocupaban de las cosas materiales porque su propósito era obedecer lo que Dios ordenaba que hiciesen. No siempre estamos listos para ponernos en acción. Nos cuesta dejar el confort e ir a lugares desconocidos donde todo cambia: las costumbres son otras, las personas son diferentes y nosotros somos los extraños. El Espíritu Santo conoce nuestro ser interior. Por tal razón le dice a Pedro que no dude de ir con esos hombres que vienen a buscarlo. Dios lo había preparado con una visión que se repitió tres veces, pero el corazón humano es rebelde. Solo Dios puede cambiar nuestra rebeldía en obediencia. Si bien Pedro se dispuso a ir con los extranjeros, no lo hizo de manera inmediata como sí lo hicieron los enviados del Centurión. La duda no nos deja avanzar. Por nuestra naturaleza, sometemos todo a un razonamiento humano para justificar nuestras acciones, y cuando se trata de la fe y la obediencia al Señor, la duda se convierte en un terrible impedimento para ser fieles al llamado de salir y predicar el evangelio.

2.3- Yo los he enviado. El ángel obedece al Espíritu. Es interesante notar, en el pasaje de Lucas, que quien ordena es el Espíritu. Aunque el ángel fue quien le llevó la noticia a Cornelio y le pidió que enviara hombres a Jope por Pedro, el mismo ángel obedece al Espíritu. En Dios hay armonía en todo lo que acontece. Nada sucede por azar. La casualidad no existe; lo que existe es la causalidad. Todo obedece a una causa, a un principio divino. La iglesia del Señor no puede actuar por sus propios medios humanos. Necesita, inexorablemente, de la ayuda directa del Espíritu. Es él quien conoce los corazones y nos prepara para poder ser instrumentos de la gracia salvífica de Jesús.

3- La obediencia trae consigo la bendición del Espíritu.

3.1- El discípulo no recibe ninguna honra o gloria. Solo Dios la merece. Pedro cuando llega a la casa del Centurión, se lleva la sorpresa de que este militar quiere rendirle honores: se postra a sus pies. Pero, inmediatamente, reacciona y le dice: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre”. Observemos que Cornelio era un hombre religioso pero no tenía claridad sobre lo que significa adorar únicamente al Dios vivo. Por eso, lo primero que hace el apóstol es rechazar esa actitud de adoración de Cornelio. Pedro sabe que el único quien debe recibir toda gloria y honor se llama Jesucristo. ¡Cuántos hoy siguen actuando como Cornelio, dando gloria a hombres y mujeres que no la merecen! Se olvidan que Dios no comparte su gloria con nadie. El único digno de recibir la gloria, la majestad y honor es Jesús (Ap. 4.11; 5.12,13).

3.2- El testimonio de Pedro: v. 28: abominación juntarse con un extranjero. Para Dios, todos somos iguales y necesitamos de la gracia divina para la salvación. V.34. Dios no hace acepción de personas. Pedro comparte con los invitados en casa de Cornelio su testimonio reciente. Lo primero que ha aprendido es a no hacer separación entre las personas por su raza, nacionalidad, sexo, posición económica o social. Se ha dado cuenta que para Dios todos somos iguales y todos merecen el mismo trato de respeto y consideración. Dios no hace acepción de personas, pero nosotros somos los que levantamos murallas para no amar a los demás porque cuando los vemos los juzgamos desde nuestra perspectiva humana. Así, si ante nosotros está un drogadicto o un borracho, no lo vemos como objeto del amor de Dios. Más bien optamos por el rechazo, porque consideramos que su vida es el resultado de sus malas decisiones, y por tanto, se merecen lo que están viviendo. No obstante, el amor de Dios es para todo el mundo, sin interponer nuestros prejuicios. Le corresponde a la iglesia amar a todas las personas así como lo hizo Jesús.

3.3- El mensaje de Pedro: v.37-42: Jesús, el Hijo de Dios. La salvación está en él. El mensaje de Pedro es conciso y sencillo: habla de quien es Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a salvarnos del pecado y de la perdición eterna, dio su vida en la cruz, pero se levantó triunfante de la tumba. Ese mensaje del evangelio sigue siendo el mismo. Es la buena noticia que debemos compartir con los que no conocen a Cristo. El único camino de salvación se llama Jesús (Hechos 4.12). Pablo afirmó: “16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro. 1.16)

3.4- Manifestación gloriosa del Espíritu Santo: v. 44-46. Joel 2.28-29: “28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. Mientras la concurrencia oía el discurso de Pedro, el Espíritu que había enviado a Pedro, ahora desciende con poder sobre todos los que escuchan el mensaje de salvación. Los judíos cristianos se asombran de que también sobre el pueblo gentil, el Espíritu Santo se derrame, como en el día de Pentecostés. Pero con esa enorme bendición, Dios está confirmando que el Espíritu Santo no es propiedad exclusiva del pueblo judío sino de todo aquel que recibe el mensaje de Jesucristo. Esta bendición que se dio en la casa de Cornelio, es la que Dios también tiene hoy para la iglesia y para todos cuantos escuchan el mensaje de Jesucristo y los hacen suyo.

3.5- bautismo como confirmación de la fe en Jesucristo. Acto seguido, Pedro procede a bautizarlos en el nombre de Jesús. El bautismo fue instituido por Jesús: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28.19). Con el bautismo, el nuevo convertido da fe pública de que ha decidido entregar su vida a Cristo y vivir para él. La bendición en casa de Cornelio fue total: aceptación del mensaje de Jesús, manifestación gloriosa del Espíritu Santo y el bautismo de los nuevos creyentes.

Bendiciones, Niray Bernal.