¿Es fácil ser discípulo de Jesús? I Parte

Lucas 9.57-62

Sin duda, esta es una gran pregunta. Multitudes seguían a Jesús, pero muy pocos se constituyeron en discípulos de él. No se trata de simpatizar con las enseñanzas de Jesús, sino de comprometerse a pensar, actuar y vivir como él lo hizo. Y esto no es tarea sencilla. En el ser humano, siempre hay excusas para no acatar los mandamientos de Dios, y en otros casos, condicionantes para el discipulado. Cualquiera que sea nuestra actitud, carece de fundamento, pues quien es llamado para ser discípulo no puede ampararse en su familia, en su seguridad, en sus tradiciones culturales, para acomodar el llamado de tal modo que le sea más fácil el seguimiento. Revisemos estas enseñanzas a la luz del evangelio de Lucas 9.57-62.

1. Decisiones precipitadas: alguien desea seguir a Jesús sin saber lo que significa e implica el discipulado. V. 57-58 Este hombre no sabía que Jesús se dirigía a Jerusalén y que allí lo iban a crucificar. Vio el seguimiento como una tarea sencilla y fácil de logar. Jesús le hace ver que el seguimiento es renuncia a nuestra posición social, renuncia a nuestros deseos y aspiraciones, renuncia a nuestro bienestar, comodidad y seguridad. El seguimiento implica muerte. Optar por Jesús no puede constituirse en una decisión precipitada. No puede estar fundamentada en un momento emotivo o sentimental. Quienes proceden así, terminan por apartarse del camino, cuando se enfrentan a pruebas o circunstancias adversas. Este hombre tiene un buen deseo pero el seguimiento no se basa en buenos deseos. No sabe que Jesús realiza una obra misionera itinerante. Guiado por el Espíritu (Jn. 3.8) no tiene residencia fija. No hay comodidad ni seguridad en el camino. La seguridad y la comodidad son grandes preocupaciones humanas. Para eso se estudia y lucha. Hoy pareciera que eso es lo importante de muchos líderes evangélicos: su comodidad y posición social. Pero Jesús no habló ni prometió escalar posiciones sociales y económicas a quienes se convirtieran en sus discípulos. Por el contrario, habló de “negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguirlo”. Nadie puede convertirse en discípulo si Jesús no lo ha llamado: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis mucho fruto, y vuestro fruto permanezca…”

2.  El seguimiento a Jesús no admite condiciones del discípulo. V.59. Contrario al primer caso de un hombre que se ofrece seguir a Jesús, en este segundo, es Jesús quien llama: “Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre”. Así llamó a Pedro, Jacobo, Andrés, Mateo, Felipe y muchos otros. Sus discípulos, simplemente, dejándolo todo le siguieron. Hay algunos ejemplos de Jesús llamando a sus seguidores (cf. 5:27; 9:23,59; 18:22; Mateo 4:19; 8:22; 9:9; 16:24; 19:21; Marcos 2:14; 8:34; 10:21; Juan 1:43; 10:27; 12:26; 21:19-22). “Sígueme” es un imperativo que no admite ninguna vacilación. Solo hay dos respuestas: se sigue o no al maestro. La respuesta de este hombre es lógica: quiere enterrar a su padre y luego seguir a Jesús. No sabemos si el padre acababa de morir o si esperaba que muriera y así poder cumplir con su deber como hijo. Sin duda, conocía muy bien la ley y los mandamientos referidos a honrar a padre y madre: Ex. 20.12; Dt.5.16; 27.16. Este hombre quiso imponer condiciones para poder seguir a Jesús, y ante el llamado de Cristo no hay condiciones que tengan validez. Nadie puede objetar el llamado anteponiendo sus propios intereses y obligaciones como buen hijo. Cuando Jesús le contesta: “deja que los muertos entierren a sus muertos, y tú, ve y anuncia el reino de Dios”, le está diciendo que quien lo llama está por encima de la ley judía, por encima de las tradiciones de familia. Lo está llamando a formar parte de una nueva familia: la familia de Dios, cuyo Padre trasciende todo concepto humano y religioso. Desde este nuevo enfoque, Jesús reestructura la jerarquía de valores humanos con una nueva identidad. El reino de Dios está en la supremacía de los valores divinos y humanos y por tanto, no admite comparación ni negociación. La decisión de pertenecer al reino de Dios obliga a renunciar a nuestros propios esquemas tradicionales de familia, amistad y sociedad.

3. El reino de Dios como prioridad en la vida del discípulo. V. 60-61.El tercer caso, aparece con otro que se ofrece como discípulo: “Te seguiré, Señor, pero…”. Como en el caso anterior, este oferente también quiere anteponer sus condiciones a Jesús antes de convertirse en discípulo. Intenciones y buenos deseos no bastan para ser discípulo del Señor: Quiere seguir a Cristo, pero primero desea despedirse de su familia. Pareciera que su condición también es válida en tanto está cumpliendo con su posición como hijo de una familia judía. Evidencia, así, el respeto por los suyos antes de tomar una decisión radical. Es muy probable que este hombre conociera la historia de Eliseo cuando Elías lo llama como su sucesor (1 Re. 19.19-21). Antes de seguir al profeta, Eliseo quiere despedirse de sus padres y hacer un banquete, y Elías se lo permite. En el contexto de la cultura judía, eso estaba bien. No había nada exagerado en esa conducta. Pero Jesús le da una respuesta drástica a este hombre: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. La autoridad de Jesús está por encima de la ley, de las tradiciones familiares, y del mismo profeta Elías. Si el pueblo reconoció a Elías como gran profeta, Jesús es más que Elías: es el Dios que se hizo carne. El reino apremia. No hay tiempo que perder. La prioridad del reino no admite dilaciones de ninguna especie, ni siquiera de la familia. Lc. 14.26. Desde muy joven, Jesús rompió con el arraigo y comodidad familiar. Por eso, a los doce años prefirió quedarse en el templo discutiendo con los doctores de la ley que andar paseando por Jerusalén con sus padres terrenales. La familia es símbolo de arraigo y comodidad, pero Jesús exige del discípulo un desprendimiento total de esa comodidad. Romper con la familia es abandonar la fuente de su propia identidad cultural y social. Es cambiarla por otra más sublime: la espiritual o celestial. El discípulo le otorga prioridad al reino de Dios y luego en un segundo plano ubica a su familia. No quiere decir que la niega o la odia: lo que significa es que amará en primer lugar a Dios y su reino, y todo lo demás, incluyendo la familia, pasará a un segundo plano. ¿Es fácil ser discípulo de Jesús? ¿Te consideras discípulo de Jesús? ¿Le has puesto condiciones para seguirlo? ¿A qué te has negado para hacer del reino de Dios y su justicia, la prioridad en tu vida?

Niray Bernal.