El Espíritu del Señor está sobre mí.

Dios en nosotros, cuando hablamos del Espíritu Santo estamos hablando de Dios. Imagínese hermano y hermana el regalo y la promesa tan hermosa que nos hizo Jesucristo, que cuando Él no estuviera más en la Tierra, no quedaríamos solos y así fue.

Cuando el Espíritu Santo llena nuestro corazón suceden cosas maravillosas, Dios no es un Dios pequeño, Dios transforma los corazones y cambia vidas. El Espíritu Santo es nuestro impulso para ser portadores de esperanza y llevar luz a todo lugar. “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos;” Lucas 4:8. La promesa de Jesucristo antes de ascender no fue en vano, definitivamente Jesucristo anhelaba que nosotros siguiéramos sus pasos y llegáramos a ser verdaderos discípulos llenos del Espíritu Santo.

Ahora bien, la pregunta que muchos nos hacemos es cómo ser llenos del Espíritu Santo. Cómo volver a tener ese impulso que teníamos para servirle a Dios, cómo tener ese corazón dispuesto a ir y hacer todas las grandes cosas que Jesús quería que nosotros hiciéramos, cómo regresar a ese primer amor y ese momento en el que aceptamos al Señor en nuestro corazón y fuimos llenos del Espíritu Santo. Hemos pecado y hemos apagado al Espíritu (1 de Tesalonicenses 5:19), son muchos los malos deseos que hay en nuestro corazón y poco a poco sin darnos cuenta nos apartamos del Señor producto de nuestras malas conductas.

La acción del Espíritu Santo la podemos ver en una persona llena del Espíritu Santo, no podemos esperar nada de un sepulcro vacío, no podemos esperar nada de unos huesos secos. Esas cosas maravillosas y espectaculares que sólo vienen del Señor las hace el Espíritu Santo.

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. “ 2 de Crónicas 7:14.

Aún hay oportunidad, hermano y hermana si usted y yo queremos ver la acción del Espíritu Santo en nuestra vida, aún tenemos oportunidad. Dios es un Dios celoso, pero también hermano es un Dios movido en misericordia y en amor. Dios prometió sanar la tierra de su pueblo y tan sólo demandó que se humillaran y le buscaran de corazón. Esa promesa permanece hoy. Si nos humillamos hermanos y buscamos de corazón el rostro del Señor, entonces veremos cosas maravillosas. No se conforme con lo que le sucede a los demás, no se conforme hermano y hermana con una canción bonita un domingo, Dios es un Dios de grandes cosas y de maravillas, no en vano dijo “te mostraré cosas grandes y ocultas que aún no conoces”.

No seamos espectadores, seamos protagonistas de la gloria de Dios. Que la acción del Espíritu Santo sea viva en nuestros corazones.

Es muy sencillo darnos cuenta cuando hemos apagado esa llama del Espíritu Santo, “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:15-20. Demos buen fruto hermanos, caminemos en el camino que nos lleva a la eternidad, caminemos por ese camino difícil, pero que con el Espíritu Santo en nuestro corazón será más sencillo caminar.

Propongámonos hermanos buscar el rostro del Señor como nunca antes lo hemos hecho, no anhelemos glorias pasadas, roguemos al Señor por unción fresca, unción que nos dé vida y nos lleve del querer al hacer.

Que el Espíritu Santo sea actuando en nuestros corazones.

Jéssica Fallas G.